Ya hace algunos días que no se habla del manido asunto de la seguridad aérea, pero todas las señales indican que los políticos siguen obsesionados por esgrimir el “bien mayor” de la seguridad ciudadana a cambio de “pequeñas renuncias” en derechos y libertades.
Si ya nos colaron lo que parecen nimias incomodidades, como las restricciones a los líquidos en el equipaje de mano o la obligación de descalzarse si al agente de seguridad de turno le parece oportuno —en realidad son intolerables cesiones en la libre circulación de personas de la que tanto presumen la UE y los países del espacio Schengen—, los gobernantes de todo el mundo pretenden avanzar en esa lucha entre libertad y seguridad con medidas como la imposición de escáneres corporales, el uso e intercambio de datos biométricos e incluso, llegar un poco más allá.
La secretaria de Estado de Seguridad estadounidense, Janet Napolitano , dejó caer en la Cadena SER la semana pasada que terroristas de Al Qaeda podrían transportar explosivos en el interior de su cuerpo, como hacen desde tiempo atrás las mulas del narcotráfico. Mejor no saber cómo piensan combatir esa práctica. Y lo que es peor, si van a examinar meticulosamente el ano de cada pasajero para “comprobar” que no somos peligrosas amenazas.
En fin. Al margen de comentarios jocosos, es un asunto que merece una profunda reflexión. ¿Hasta dónde estamos dispuestos a ceder?
Allá por febrero de 2006, publiqué sobre este preocupante debate entre libertad y seguridad, un artículo en Diagonal titulado precisamente Seguridad contra libertad en la UE. Por si a alguien le interesa, he aquí el enlace (y en PDF).
Otros enlaces que demuestran que no es para tomárselo a broma:
- La UE baraja nuevos controles. EL PAIS
- La UE y EEUU pactan un marco común para la seguridad aérea. EL PERIODICO
Etiquetas: datos biométricos, escáneres corporales, libertad, restricciones a los líquidos, seguridad
26 enero, 2010 a las 19:15 |
Me alegro de que hayas vuelto al mundo blog… yo lo hice hace poco también, pero desde luego no es tan estiloso como el tuyo. Te seguiré.
Respecto al tema que tratas, me alegra mucho que lo comentes, porque yo estoy especialmente cabreado con este asunto. Principalmente, porque a los que acaban tratando como terroristas es a los que pretenden proteger de ellos, lo que me parece extremadamente paradójico. Además, si alguien quiere atentar, se las apaña para hacerlo y no será detectado con un escáner de estos.
El segundo punto que me tiene especialmente cabreado es la actitud ciudadana frente a la imposición de medidas de seguridad a cambio de la pérdida de libertades… Es brutal como nos dejamos mangonear. Ya lo dije en un post mio hace poco “el que renuncia a la libertad por seguridad, no tiene derecho ni a la libertad ni a la seguridad”, pero claro es mi opinión.
Lo importante es que estés dando guerra.
26 enero, 2010 a las 19:25 |
Me gusta esa frase: “El que renuncia a la libertad por seguridad, no tiene derecho ni a la libertad ni a la seguridad”.
Me alegra que tú también estés de vuelta. Por favor, comparte tu URL conmigo y no dudes que te enlazaré. Siempre fue un placer leerte y por lo que entreveo en Facebook, debe seguir siéndolo.
Me congratula que, al menos en este asunto, caguemos en la misma letrina.
26 enero, 2010 a las 19:53 |
tengo uno en blogspot, pero creo que me voy a transmutar en uno de wordpress que tiene una pinta más del siglo xxi
el mio es areglonseguido.blogspot.com. Pero como te digo creo en la transmutación de los blogs. En cualquier caso te aviso.
27 enero, 2010 a las 11:17 |
Aitor, me gusta mucho el post, está bien escrito y planteado, sin embargo actuando como abogado del diablo, tengo unas preguntas que hacer:
- ¿No eres libre de elegir si quieres ir en avión o no?, si no te gustan los controles, puedes utilizar el coche, el tren o el barco, tardarás más pero puedes seguir viajando.
- ¿qué pasa con la libertad de usar un medio de transporte en las máximas condiciones de seguridad?, esa es una conquista de los consumidores, el derecho a sentirse seguros cuando viajan.
5 febrero, 2010 a las 13:33 |
Lo primero, Eduardo, gracias por tu comentario, y lo segundo, perdona por la demora en responder. Me encanta que abras el debate y mucho más que actúes como abogado del diablo
- La realidad es que sí, soy libre de elegir qué medio de transporte voy a utilizar pero, lamentablemente, muchas veces no dispongo de tiempo para escribir un post o un comentario, como para pensar en dedicar más tiempo de la cuenta a viajar. Lo que sugieres requeriría otro debate más profundo: el de la libertad. Y no me refiero particularmente al tema del transporte sino como concepto más amplio. En alguna parte escuché una vez que “la libertad es el espacio que queda entre reja y reja”. Partimos de que nuestra capacidad de actuar libremente está muy limitada para todo. Y esto entronca directamente con tu segundo planteamiento.
- Cedemos continuamente trocitos de libertad para autorizar esas condiciones de seguridad de la que hablas. De partida, creo que la sensación de inseguridad tiene mucho que ver con la ignorancia o por lo menos, con la falta de conocimiento sobre determinadas realidades. Recuerdo que, cuando me mudé a Madrid, mucha gente me preguntaba que si en Euskadi la gente se disparaba por la calle y que si no daba miedo vivir allí. Y no era de broma. Lo preguntaban en serio. Lo mismo pasa con el terrorismo internacional de corte islamista radical.
Lo que quiero decir es que viajar en avión no es hoy más inseguro que hace años. La realidad es que las medidas de seguridad que se impusieron hasta hace tiempo -bien aplicadas, eso sí, no como el caso del avión de Ámsterdam a Detroit- parecen más que suficientes. Y en algún momento hay que pararse. Decir: “Hasta aquí hemos llegado”. Porque gota a gota se hace el río y, dentro de unos años, los controles de seguridad dejarán de ser incómodos para ser ofensivos.
Cuando subo a un avión no lo hago por placer, sino para llegar a un sitio. Bastante molestia es ya tener que estar 1 ó 2 horas antes, dependiendo del destino, en el aeropuerto, esperar colas para hacer la facturación y someterse al embotellamiento del control de seguridad y al incordio de los detectores, los líquidos y, a veces, los cacheos. Ya está bien.
23 noviembre, 2010 a las 20:47 |
[...] tanto me enerva. Me preguntaba -y seguramente no será la última ni la penúltima vez que lo haga- hasta dónde estamos dispuestos a ceder en materia de seguridad, renunciando a la dignidad en aras de la [...]