Posts Tagged ‘aitor ordax’

El Parlamento Europeo y las redes sociales en Córdoba (#PEredes II)

12 enero, 2011

¿Qué mejor manera de contar lo que pasó en Córdoba el pasado diciembre que en imágenes? Gracias a la gente de ‘El Marco Rojo’ y de la oficina del Parlamento Europeo en España.

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Europa será de los europeos o no será (#PEredes I)

14 diciembre, 2010

Sobre la mesa, la eterna pregunta de si el sentimiento europeo cala entre los ciudadanos. #PEredes demuestra que, aunque la respuesta sigue siendo negativa, debe cambiar la forma de enfrentarse a ella: los europeístas tenemos que reunirnos para hablar de Europa, compartir nuestra visión crítica de la UE y buscar formas de contagiar ese europeísmo a los demás. El mejor ejemplo del éxito en esa tarea… el encuentro ‘El Parlamento Europeo y las redes sociales’.

Encuentro 'El Parlamento Europeo y las redes sociales' (Córdoba, 10-12 de diciembre de 2010)

Encuentro 'El Parlamento Europeo y las redes sociales' (Córdoba, 10-12 de diciembre de 2010)

El viernes por la tarde viajaba en el AVE Madrid-Córdoba inquieto por varias preguntas que retumbaban en mi cabeza: ¿Qué podía esperar de un encuentro titulado ‘Parlamento Europeo y las redes sociales’? ¿Qué y a quiénes iba a encontrarme en el Parador cordobés de La Arrozafa? Y lo más importante. La misma cuestión que me atormenta -y por lo que he comprobado este fin de semana, no soy el único- siempre que se habla de la UE es la misma: ¿Está generalizado el sentimiento de europeísmo entre los ciudadanos europeos y particularmente, entre los españoles?

La pregunta ya tenía respuesta entonces y también la tiene ahora: rotundamente, no. Lo que ha cambiado desde entonces, gracias al productivo intercambio de ideas de estas jornadas, no es la conclusión, sino la forma de enfrentarse a la pregunta.

Si algo ha quedado claro es que los europeístas debemos reunirnos para hablar de Europa, compartir nuestra visión, diseccionar la UE hasta encontrar sus puntos flacos y aprovechar los fuertes para buscar formas de contagiar ese europeísmo a los demás. Una de las mejores son las redes sociales.

Periodistas, políticos, burócratas y, sobre todo, ciudadanos disponemos de las herramientas. Cuando queremos podemos y en Córdoba ha quedado más que demostrado. Quizás porque fue mi bautismo de fuego en retransmitir eventos vía Twitter, hay un hecho que me dejó bastante sorprendido y despertó en mi esa adicción que muchos asistentes ya tenían. Durante todo el sábado, #PEredes lideró en Twitter los trending topics de España.

Me parece muy significativo. No sólo éramos medio centenar de posesos tuiteando como locos. La misma etiqueta era utilizada en los innumerables comentarios de tuiteros ausentes al evento, que estaban encantados de poder seguir en su timeline, desde Madrid, Bruselas, Sevilla, etc, lo que estaba pasando en Córdoba.

Y lo que estaba pasando era francamente interesante, sobre todo por la tarde. La polémica generada por la ex ministra y eurodiputada del PPE Pilar del Castillo –que pedía “la misma transparencia que se reclama para el caso de Wikileaks en todos los ámbitos”- alegró una mañana sin mucho brillo.

La cosa se puso interesante por la tarde: Laurence Modrego nos pidió que “comunicáramos entre europeos” con su dinámica presentación. Fernando Navarro denunció “falta de reportajes de interés sobre Europa” y pidió “más corresponsales” para contar lo que acontece en la UE. Y Bárbara Quílez nos enseñó con brillantez lo que hace la web del Parlamento Europeo.

Esta última despejó los resquemores sobre la transparencia de la Eurocámara. Durante todas las horas previas a la intervención de Bárbara, sobrevolaban las dudas sobre el compromiso de los eurodiputados con la característica que, al menos sobre el papel, define a la institución más participativa de la UE.

En conversaciones anteriores, comprobé que muchos asistentes compartían la creencia de que es imposible que los ciudadanos se comuniquen directamente con sus representantes en Estrasburgo. Pero resultó que no. No es un problema de falta de mecanismos o de transparencia. Los mecanismos existen y son muy accesibles. Es un problema de comunicación y de diálogo.

Y ahí es donde, en lugar de quejarnos de la falta de europeísmo entre los europeos, debemos empezar a construir Europa. Existían las herramientas, sólo que no sabíamos en qué cajón estaban.

obre la mesa, la eterna pregunta de si el sentimiento europeo cala entre los ciudadanos.

Retazos de China I (Shanghai)

16 noviembre, 2010

Después de meses en los que los medios no han dejado de publicar reportajes sobre la Expo de Shanghai (ya finiquitada), esta tarde ya no he podido resistir la tentación de escribir sobre mi viaje a la capital económica de China.

Siempre me impresionó ver imágenes por televisión de la silueta más famosa de la China empresarial. Si el skyline (como se llama ahora) de Manhattan es el icono de Nueva York y Estados Unidos, el del distrito de Pudong, visto desde el paseo fluvial del Bund de Shanghai, es el símbolo del desarrollo económico de China y los dragones asiáticos.

Si bien Shanghai se parece mucho a cualquier megalópolis oriental, pasear por el Bund al anochecer es aún más especial de lo que se presupone ante la Lonely Planet o un Españoles por el mundo en Shanghai.

Aterricé en el aeropuerto de Pudong a primera hora de la mañana y me esperaba todo un día en la exclusiva compañía de mi jet lag. Por aquel entonces, no se me daba bien eso de dormir en los aviones y no me apetecía drogarme (desde la legalidad) para conseguirlo. Así que me subí a un taxi, aguanté con los ojos bien abiertos durante casi una hora y a pesar de la modorra, hice buenas migas con el taxista.

El chuzu (por lo visto, taxista en chino se dice Chūzū chē sījī) no hablaba ni una palabra de inglés, así que no llegamos a profundizar, teniendo en cuenta que mis nociones de mandarín se limitan a ni jao (hola) y xié xié (gracias). Mi nuevo amigo hablaba, yo respondía en inglés por si sonaba la flauta y ambos sonreíamos. Mientras yo, ojiplático, miraba por la ventanilla edificios y más edificios, él fumaba, me ofrecía tabaco repetidamente y yo lo rechazaba con la mayor cortesía posible. Finalmente, llegamos al Metropole.

Mi cuerpo no aguantaba más así que me dejé caer en la cama. Cuando abrí los ojos estaba anocheciendo. Me levanté de un salto y de mala leche pensando que había dejado escapar el día. Pero no. Todavía eran las 17:30. ¿Sólo había dormido cuatro horas?

Mi hotel estaba a sólo diez minutos a pie del Bund y la luz escaseaba, así que era el momento de salir. Y de repente, allí estaba yo, en el Bund, todavía con legañas y un cuerpo que parecía de otra persona, con la silueta iluminada de Pudong ante mis ojos, destemplado y desorientado, pero sonriente al rechazar cada uno de los dispares ofrecimientos que vendedores ambulantes y lugareños me hacían mientras vagaba de lado a lado del paseo fluvial.

Mis enlaces:

Reencontrándome con Chomsky

7 febrero, 2010

Hacía tiempo que estábamos desencontrados. Es como uno de esos viejos amigos con los que has vivido muchas cosas, sabes que están ahí, todavía compartís demasiados puntos de vista, pero sin embargo, por alguna razón inexplicable, no encuentras el momento para levantar el teléfono y volver a hablar.

Pues bien. Noam Chosmky siempre ha estado ahí. Es demasiado importante como para no saber si se había ido, aunque bastante denso para retomar el contacto así como así.

Cuando esta semana me enteré de que el diario Público había comprado, para sus páginas de Opinión de un domingo al mes, la columna de Chomsky, sufrí una especie de revelación. Y hoy, domingo, no lo he podido evitar abrir el periódico directamente por la página 12: ‘Las empresas toman la democracia de EEUU’. El mismo Chomsky de siempre, con el mismo punto de mira de siempre.

Acabo de viajar 10 años atrás y me he reencontrado con un viejo amigo. Hemos vuelto a quedar el mes que viene.

Primeros pasos

25 enero, 2010

Es inevitable sentirse un poco nervioso al volver a la blogosfera, tanto tiempo después de echar el cierre de aquel Crónicas de un apátrida, que tantas alegrías me dio en mis años de inquietud universitaria.

Pero la vorágine laboral y la apatía dejaron que aquel Cuaderno de bitácora de Aitor Ordax muriera de inanición.

Hoy, un poco más viejo —mejor sería, menos joven—, más descreído y, desde luego, un poco menos ingenuo, vuelvo a encontrar motivos para volcar mis inquietudes hacia el exterior.

No es pornografía ni exhibicionismo y desde luego, es una ausencia total de pretensiones. Quizás sea un modo de desahogo o tal vez una forma más de perder el tiempo. Pero me apetece hacerlo. Y con eso, basta.